Condiciones habitacionales:

 

Las condiciones laborales les obliga a buscar soluciones habitacionales también precarias. Han de habitar infraviviendas, vivir en pisos con fuerte hacinamiento, al compartir vivienda con familiares y compatriotas para reducir costes y maximizar el ahorro.

 

Para intentar paliar esta situación que afecta principalmente a las personas migrantes es preciso reivindicar:

  • Que se ocupen las viviendas vacías.
  • Mejoras en las viviendas: ascensores para los mayores y para los y las jóvenes con niños.
  • Que todos tengamos los mínimos: agua, luz, calefacción y los máximos: comunicación, teléfono etc.
  • Que el gasto público directo e indirecto (incluida la política fiscal) se dirija a facilitar el acceso a viviendas en régimen de alquiler en lugar de a la vivienda en propiedad.
  • Vivir en lugares donde se convive y/o trabaja.
  • Reducir de manera sustancial la desigualdad de acceso de los grupos vulnerables (jóvenes, inmigrantes y mujeres con cargas familiares no compartidas, etc.).

USERA, UN LUGAR PARA VIVIR ¿POR QUÉ?

  • La precariedad laboral y el afán de ahorro obliga a buscar lugares donde la vivienda pueda ser más accesible. No sólo la vivienda sino también la adquisición de recursos de primera necesidad o de uso frecuente: comida, transporte etc.
  •  La imposibilidad de acceder a viviendas en propiedad durante los primeros años de estancia en la ciudad obliga a buscar lugares en los que todavía haya viviendas en alquiler.
  • Existe un miedo generalizado a alquilar viviendas a inmigrantes, porque o bien no poseen nómina o su economía es precaria debido al trabajo inestable, mal pagado y con amplios períodos de inactividad. Sin embargo en Usera, hay viviendas que pertenecían a padres ya fallecidos gestionadas por hijos que son difíciles de alquilar por no ser de muy buena calidad o por no contar con muchas comodidades (la gran mayoría no tiene ascensor). Es más fácil alquilar estas viviendas que venderlas, de este modo se mitiga “el miedo generalizado de alquilar” por el afán de sacar una rentabilidad a una propiedad.
  • Hay viviendas pequeñas y grandes , pero sobre todo hay mucha vivienda con muchas habitaciones (aunque sean pequeñas) lo que permite compartir vivienda con familiares y compatriotas como forma de reducir costes y maximizar el ahorro.
  • Es frecuente el subarriendo de una habitación para compartirla con desconocidos, en pisos ocupados por un número grande de personas. Incluso en ocasiones lo que se alquila es una pieza de sofá en un salón o una cama por turnos “camas calientes”. Este último supuesto suele darse en aquellas colonias que trabajan por las noches y que tiene una casa como lugar de descanso para los cambios de turnos. Un ejemplo es la colonia china que trabajan en los talleres de costura en diferentes turnos y utilizan varias personas una vivienda base como lugar para cocinar, ducharse y descansar.

Las situaciones de habitabilidad varían en cada colonia y también en función de la situación personal y el status social del inmigrante:

  • Los peruanos aspiran a conseguir una vivienda propia y empiezan pronto a buscarla.
  • Los polacos no comparten habitación, pero sí piso, aunque con un número de ocupantes reducido.
  • Los marroquíes, comparten vivienda los hombres solteros, pero las familias suelen vivir de forma independiente, aunque con frecuencia ampliadas con los padres o hermanos menores.
  • Los chinos, comparte vivienda la familia ampliada , a menudo en espacios reducidos.
  • Los dominicanos, en su mayoría mujeres, comparten vivienda tradicionalmente con familiares y paisanas (las familias son muy extensas), a menudo se mantienen muchos años trabajando como internas en el servicio doméstico y utilizan la habitación subarrendada y compartida con algún familiar sólo los días de salida –jueves y domingos o fines de semana.


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