Lamentamos las cifras, nos indignamos con la realidad

Crímenes machistas que se repiten, que parece no tener final. Volveremos a salir a las calles para reclamar que también Usera quede libre de violencias hacia las mujeres..

Porque la realidad es para escandalizarse y las cifras para lamentarse, para gritar la repulsa. Porque en el caso más extremo de la violencia machista, el asesinato, 52 mujeres han sido asesinadas por el hecho de ser mujer. Y la violencia en forma de violación o discriminación o de maneras más sutiles, se sigue repitiendo, incluso entre la gente joven.

Y a pesar de la repulsa social, de la concienciación de las vecinas y vecinos, a pesar de las medidas políticas, se siguen interponiendo denuncias, se siguen produciendo violaciones, también en grupo…. y se sigue asesinando a una media de 5 mujeres al mes.

ESTÁ PASANDO… violencia sin sentido, sin razones… pero SON MUJERES.

¿Y por qué duelen menos los crímenes machistas? Aunque como personas individuales no sea así, como grupo, como sociedad, toleramos y somos menos beligerantes contra la violencia a las mujeres. Porque son sus parejas, sus maridos, sus jefes, y en el fondo, aunque no queramos reconocerlo, porque nos han enseñado que en una relación es mejor no meterse, ni siquiera cuando el hombre es un ASESINO. Y seguimos tolerando los piropos y se sigue pensando que va demasiado provocativa y los jueces siguen dudando de si era una buena madre, y los servicios psicosociales siguen imponiendo visitas a padres que han asesinado a las madres….

Porque en el fondo, y aunque cueste muchísimo reconocerlo, SEGUIMOS TOLERANDO LAS VIOLENCIAS CONTRA LAS MUJERES. Seguimos tolerando unos patrones sexistas en publicidad aunque los protagonicen mujeres aparentemente empoderadas y con camisetas con eslóganes feministas. En el fondo seguimos sin creernos que haya discriminación porque “mi compañera de trabajo cobra lo mismo que yo” aunque tenga que faltar por cuidar o no pueda hacer ese curso de promoción. Seguimos sin creernos que la discriminación sea para tanto porque muchos hombres siguen diciendo eso de yo “ayudo en casa” o los más concienciados llevan a sus criaturas en mochilas y cocinan la ensalada de la cena.

De esos sutiles lodos derivan estos inmundos barros. De no enfrentar, de asumir, de tolerar, se sigue alimentando la violencia contra las mujeres. Ya está bien de ponerse de perfil. Todos y todas hemos de aceptar que hay mucho por hacer, que hacen falta cambios muy profundos, como personas individuales y como sociedad, para que la violencia machista por fin desaparezca.

Y hay que ponerse a ello.

Se lo debemos, nos lo debemos.

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